lunes, 29 de junio de 2020

De idealistas a sicarios del poder



De idealistas a sicarios del poder


Al parecer, sin ser una regla general, muchos de los jóvenes “revolucionarios” de los 70 terminaron mutando después en aquello que combatieron durante su etapa idealista. De reivindicar la revolución cubana y la utopía de terminar con la explotación del hombre por el hombre pasaron a defender y ser empleados/as de la oligarquía que se vale de esa explotación para mantener sus privilegios.
Sufren una especie de involución ideológica asociada al ciclo vital. La mayoría de ellos son los hijos de los que apoyaron la revolución fusiladora del 55 y que durante la secundaria mutaron de una especie de nacionalismo mas cercano a la “z” que a la “c” al marxismo en algunos casos y al peronismo de izquierda en otros. Uno de los ejemplos más emblemáticos de esta involución es Rodolfo Galimberti, el Loco.


Fue uno de los jefes de la Columna Norte de Montoneros, con los que rompió en 1979 para formar su propia agrupación, ya que consideraba que él y los suyos eran los “Montoneros auténticos”. Terminó combatiendo en Medio Oriente en las filas de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en donde fue herido por un francotirador israelí, esquivando milagrosamente a la muerte. Dicha organización tuvo fuertes vínculos con la cúpula montonera, hay una foto muy recordada en donde Yasser Arafat posó junto a Firmenich y a Vaca Narvaja.


En un accidente automovilístico perdió a su esposa, Julieta Bullrich, hermana de la ex montonera y ex ministra de trabajo de la primera versión de la Alianza Neoliberal Conservadora y también ex ministra de seguridad de la versión amarilla de dicha alianza. 


Con el regreso de la democracia en 1983 el Loco creyó que surgiría la posibilidad de volver a insertarse en la vida política argentina. El 5/04/1984 volvió al país sin un mango y con un limitado prestigio dentro de la militancia peronista, luego de 6 años de exilio, con una falsa identidad (César Shaffer) porque aún no podía salir de la clandestinidad. Estuvo un corto tiempo y volvió a Brasil en donde había comprado una casa en Búzios frente al mar.

En 1985 recibió el llamado de Roberto Perdía, quien había sido uno de los líderes de Montoneros a los que El Loco se opuso. Se reunieron en Brasil, en donde seguía exiliado, para pactar una tregua entre bandos. Comenzó un tiempo de reconciliación con sus ex compañeros de militancia y la involución ideológica del ex montonero “revolucionario”. El Loco pasó a engrosar las filas de aquellos que combatió en los convulsionados años 70.


A través de Alejandro “el Gallego” Álvarez, uno de los fundadores de la agrupación peronista de derecha “Guardia de Hierro”, conoció a Jorge Radice, delegado de la Marina y ex secretario del genocida Emilio Massera en la ESMA. Según la excelente biografía sobre este personaje que hicieron Marcelo Larraquy y Roberto Caballero, el encuentro se concretó en Mundo Marino, San Clemente, en donde Radice le dijo: “Maté a mucha gente, a muchos compañeros tuyos”. La respuesta de Galimberti fue: “Yo también me mandé cagadas, pero ya todo forma parte del pasado”. A finales de 1986 se codeaba y movía como un pez en el agua entre los militares, que todavía tenían el poder para socavar el proceso democrático que había comenzado 3 años antes.
En 1987 Galimberti pasó de no tener un centavo a ser el dueño de una productora en Las Cañitas (una pantalla) y a manejar un lujoso BMW. Todavía seguía estando en la clandestinidad y utilizando la falsa identidad.
Galimberti fue un gran admirador del líder de los carapintadas Aldo Rico al cual describía como un “líder nacionalista dentro del ejército”. A pesar de que seguía en la clandestinidad, el Loco visitó a Rico a la cárcel de Campo de Mayo, gracias a sus contactos con los militares.
Hacia finales del 87 Julio Bárbaro le presentó a José María “el Gallego” Menéndez, un hombre fuerte de Bunge y Born. Empezó a entablar una relación con los empresarios que había secuestrado con la Columna Norte en el 75. Por esas “casualidades del destino”, Menéndez había sido el encargado de negociar la liberación de Juan y Jorge Born cuando estuvieron en poder de los montoneros. El Gallego formaba parte del “Grupo Olleros”, vinculado también con los carapintadas. El Grupo era la usina de operaciones del poder real para desestabilizar al gobierno de Alfonsín. Julio Bárbaro, Jorge Triaca y Juan Bautista “el Tata” Yofre llevaron a Menem a un desayuno del grupo en la sede de Bunge y Born, del cual participaron los más poderosos empresarios del país: Franco Macri, Pérez Companc, Martín Blaquier (Ledesma), representantes de las empresas Bagó, Fate y Bridas.
El 10/07/1988 el garca disfrazado de Facundo Quiroga fue elegido como precandidato a presidente en la interna del PJ.
El interés que tuvo Bárbaro en que “Galimba” forme parte del grupo tenía otros motivos. Bárbaro había contactado a Patricia Bullrich, por pedido de Menéndez, ya que éste se había enterado de que Alfonsín pensaba indemnizar a la familia de David Graiver, víctima del robo de todos sus bienes por parte de los genocidas. En el Grupo Olleros había un plan para recuperar el dinero del holding, licuado entre los bienes de Graiver. Para ello necesitaban a alguien que hubiera estado “del otro lado”. El indicado era Galimberti, Jorge Born lo convocó personalmente a sus oficinas. Se entrevistaron en secreto y hablaron sobre el secuestro, después fueron al asunto que los convocaba. Born necesitaba que Galimberti declarara que los Montoneros le habían dado la plata del secuestro a Graiver para hacer creer que parte de la fortuna de este último pertenecía a Born. Jorge le dijo al Loco: “Si usted lo hace se lleva su parte”.
A mediados de 1988 Galimberti empezó a ocupar el cargo de asesor en “American Security International”, una empresa que en los papeles se dedicaba a la “venta de software”. Uno de sus dueños era Carlos Dalla Tea, un general retirado que fue quien contactó a Galimberti, que estaba vinculado a Aldo Rico. La empresa le vendía sistemas a la ex SIDE. Los esfuerzos de Galimberti apuntaban a cumplir el objetivo de recuperar la plata de los Born, pero para lograr su cometido necesitaba un cambio político, el cuál se dio el 14/03/1989 cuando Menem arrasó en las urnas y luego de asumir su mandato puso a Miguel Roig como ministro de Economía, ex gerente de Bunge y Born.
El 8/10/1989 Menem firmó el indulto que le permitió a Galimberti salir de la clandestinidad después de 16 años. También fueron beneficiados los carapintadas, el General Santiago Riveros y otros militares procesados por causas de violación a los derechos humanos durante la última dictadura militar genocida.
Galimberti se juntó en el hotel Lancaster, en avenida Córdoba y Reconquista con Jorge Born, pero esta vez sin secretos Se sacaron una foto que buscaba representar “la pacificación nacional” que el gobierno necesitaba.
Las posibilidades de recuperar la plata de los empresarios estaban ahora al alcance de la mano. Con Menem en el gobierno, Galimberti tenía una herramienta de negociación fundamental para lograr que los Montoneros que pudieran saber algo sobre el dinero del secuestro declararan como quería Born. Esa herramienta era el indulto. Galimberti viajó para negociar con antiguos compañeros con ese as bajo la manga. Visitó a Juan Gasparini, que había sido el encargado del manejo de las cuentas de Montoneros, que todavía estaba exiliado en Ginebra. Gasparini se comprometió a ratificar ante la justicia lo que Galimberti le pidió que dijera. Lo hizo el 14/08/1990 y Menem lo indultó el 27/12. También fueron indultados Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Mario Firmenich.
En agradecimiento por los servicios prestados Born le consiguió trabajo a Galimberti en su empresa “Caldenes S.A”, y si bien en los papeles cobraba el sueldo mínimo, el trabajo servía de pantalla para los otros “servicios” que realizaba para el empresario.
El 30/01/1990 Hugo Alfredo Anzorreguy asumió como secretario de Inteligencia. Con ese cambio de esquema Galimberti empezó a colaborar de forma plena para la ex SIDE. Pero el ex montonero se enamoró del neoliberalismo y lo usó para hacer negocios. A mediados del 90 conoció a un joven vinculado al marketing que había fracasado en todos sus emprendimientos de nombre Jorge “Corcho” Rodríguez. Al Galimberti le había caído muy simpático el pibe (compartían la pasión por las Harley Davidson) y lo llevó a conocer a Born.


En octubre de 1995 los nuevos amigos motoqueros fundaron la empresa “Hard Communications”, que se convirtió en la plataforma desde la cual Galimberti hacía negocios y contactos de todo tipo.
Claudia Segura, una vieja amiga del Corcho, le propuso trabajar en un proyecto: un concurso telefónico para el programa de Susana Giménez, asociado con alguna fundación que le diera un fin benéfico. Para el Loco fue la oportunidad de dar un salto a través de “Su” para generar buena guita. Finalmente en abril de 1997 firmaron un contrato con Telefé y con la “diva”. Con la garantía de Born, consiguieron un préstamo de USD 8 millones para impulsar el proyecto. El programa fue un éxito en rating y en recaudación.
El 7/05/1997 Galimba cumplió 50 años y lo festejó a todo trapo. El Corcho le regaló la inscripción al exclusivo y coqueto “Buenos Aires Golf Club”, que había logrado gracias a la aprobación del por entonces dueño del club, Mauricio Macri. Esa credencial significó algo importante desde lo simbólico para la construcción de su nueva imagen. 


El negocio de las llamadas rendía jugosos dividendos, que también tenían el fin benéfico de colaborar con la Fundación Felices Los Niños, dirigida por el pedófilo Julio Grassi. Pero la mentira tiene patas cortas, al poco tiempo se reveló que el negocio era una estafa. En febrero de 1998 se inició una investigación que reveló que de los $3 + IVA que cada participante pagaba por su llamada, el porcentaje que recibía la fundación era mínimo. La fiscalía descubrió que del total de $18.500.000 que se facturaron por las más de 6 millones de llamadas que se hicieron al programa, la fundación solo recibió unos $400 mil. Por esas irregularidades fueron procesados Born, Galimberti, Rodríguez, “Su” y directivos de Telefé, que fueron absueltos en septiembre de 2002. Galimba no llegaría a conocer la sentencia.
En junio de 1999 Galimberti puso la firma para la creación de otra empresa, esta vez dentro del rubro de seguridad. “Universal Control” entraba al negocio de la inteligencia privada, por esos años en auge en Argentina, y con socios idóneos en el área: dos ex oficiales de la CIA, David Manners y Frank Anderson y otro del Servicio Secreto del Departamento del Tesoro, Ronald Luziana. La empresa abrió una oficina en Washington y empezó a operar en Argentina en el año 2000 bajo la presidencia de Fernando De la Rúa. El principal cliente de la empresa de seguridad era el grupo Exxel, fondo manejado por el uruguayo Juan Navarro, quien designó a la empresa de Galimberti la custodia de sus empresas controladas: OCA, Edcadassa, Interbaires y MasterCard. Pero la vinculación del Loco con la CIA no se limitó a dicha empresa. En una conversación con un amigo suyo y funcionario del gobierno, Javier Martina, le confirmó el rumor que muchos ya sabían en ese entonces: Galimberti era un “contratado” de la CIA.
El 12/02/2002 el ex montonero y combatiente de la OLP que luego hizo negocios con los torturadores y asesinos de sus propios compañeros/as y finalmente devenido en espía de la CIA, tuvo un dolor muy fuerte en la espalda que lo dejó prácticamente inmovilizado. Lo internaron de urgencia pero falleció en medio de la cirugía que intentó solucionar la afección que padecía en la aorta abdominal.
¿Quién fue Rodolfo Galimberti en realidad?
¿Un revolucionario desencantado que por frustración se volvió algo que de joven aborreció?
¿Un mercenario?

Tuvo en común con su ex cuñada Patricia Bullrich la involución ideológica que los llevó de la utopía de terminar con la explotación del hombre por el hombre a defender y ser empleados de los intereses de los poderosos.


Nunca lo sabremos, el Loco ya no puede darnos una respuesta...


Les recomiendo que lean el libro Galimberti, de Perón a Susana, de Montoneros a la CIA de Marcelo Larraquy y Roberto Caballero. Una excelente libro, realmente esclarecedor en todo sentido.









miércoles, 24 de junio de 2020

¿La muerte de la democracia popular en Argentina?


¿La muerte de la democracia popular en Argentina?



La democracia es la forma de gobierno en donde "el pueblo ejerce el poder a través de mecanismos legítimos de participación. En teoría sería el "el gobierno del pueblo", ¿Pero realmente existe hoy en Argentina?
Algunos/as piensan que para exista democracia solo es necesario que el pueblo participe a través del voto universal, igual, secreto, libre y obligatorio para elegir a sus representantes. Pero con el hecho de votar no alcanza. Para que un sistema democrático sea pleno deben estar garantizado el respeto por los derechos humanos y las libertades individuales y colectivas. Debe haber igualdad ante la ley, libertad de expresión, alternancia en el poder, representatividad, división de poderes y apego al Estado de derecho consagrado en la Constitución Nacional
Pero hay algo que no puede estar ausente en un sistema que pretenda ser verdaderamente democrático: La justicia social. 


¿Que es justicia social? 


Es un conjunto de medidas que aseguran la igualdad de oportunidades, el derecho a la vivienda, a la salud, al trabajo y a la educación. Es el Estado el que debe garantizar esos derechos y además debe ser el contrapeso ante las desigualdades sociales y promover políticas de movilidad social ascendente y redistribuir la riqueza desde los sectores concentrados de la economía hacía los sectores más vulnerables de la población. 
Esto solo sucedió en Argentina en 3 etapas: Desde el 4/06/1946 hasta el 16/09/1955, desde el 25/05/1973 hasta la muerte del General Perón, el 1/07/1974 y finalmente desde el 25/05/2003 hasta el 10/12/2015. 
Cuando asumió el General Perón, quién contó con el complemento vital de la Compañera Evita, se produjo una transformación inédita de la realidad argentina. Perón marcó un quiebre, fue un antes y un después en nuestra historia. 
Perón y Evita crearon una democracia popular dándole el protagonismo a las mayorías populares, se reconocieron sus derechos, se crearon medidas para mejorar la calidad de vida de la gran mayoría de los argentinos/as y tantos inmigrantes de todos los rincones del mundo que solo conocían las privaciones y la explotación. 
El General nacionalizó los ferrocarriles y la industria asociada a ellos, los teléfonos e impulsó Gas del Estado. Se realizaron 76.230 obras públicas y se promovió la industrialización para satisfacer la demanda interna y el consumo. Se pusieron en marcha plantas siderúrgicas, refinerías de petróleo, centrales hidroeléctricas, se creó la Comisión Nacional de Energía Atómica y la flota mercante argentina pasó a ser la tercera más importante del mundo mientras que Aerolíneas Argentinas extendía sus alas por primera vez. Todas estas medidas tendientes a poner en marcha un país pujante con un sistema productivo afianzado hizo que el país lograra incrementar significativamente el ingreso de divisas.  




Perón y Evita construyeron 8.000 escuelas, esto permitió que los niveles de analfabetismo que estaban por las nubes se redujeran a tan solo el 3% de la población. Se creó en 1948 la Universidad Obrera Nacional que luego se convertiría en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y el 22/11/1949 a través del decreto 29.337 el presidente Juan Domingo Perón suspendió el cobro de los aranceles universitarios. Un hecho histórico, dado que el carácter gratuito de la universidad pública se ha convertido en uno de los pilares del sistema educativo nacional hasta nuestros días. Miles de hijos e hijas de obreros y obreras se convierten en profesionales. Yo creo que aquí está la garantía de continuidad de la movilidad ascendente en Argentina y lo que aún nos diferencia del resto de los países de la región. En ellos, acceden a la universidad los hijos e hijas de la elite. Así se renueva el constante circulo de dominación porque solo los descendientes de las clases dominantes llegan a puestos claves, tanto en el Estado como en el sector privado. 
Perón y Evita construyeron 500.000 viviendas en 9 años de gobierno que benefició a unas 5 millones de personas. 
El peronismo desde el Estado protegió fundamentalmente a la clase trabajadora creando los tribunales de trabajo para evitar los abusos de la patronal. 
Las conquistas y derechos de los trabajadores/as (incluidos los agrarios), de los jubilado/as y de los niños/as se convirtieron en leyes que permanecen vigentes a pesar de los innumerables intentos de la oligarquía por suprimirlos a través de golpes de estado y de gobiernos civiles títeres. 
Pero hay algo que no se puede dejar de resaltar: Antes de Perón y Evita solo votaba la mitad de la población, las mujeres no tenían derecho al sufragio. Gracias a los grandes emancipadores de nuestra historia moderna, las argentinas pudieron votar, decidir el futuro de la Nación y participar activamente en política. 
La oligarquía no soportó la revolución democrática peronista, maldijo a Evita, la persiguió aún después de su muerte y derrocó al General Perón a través de un golpe militar que lo condenó a un exilio de 17 años. Fue en esta etapa en donde la oligarquía creó el monstruo que aún nos sigue atormentando: La democracia burguesa o dictadura encubierta.


Lenin decía: “La democracia burguesa es un inmenso progreso histórico en comparación con el feudalismo, pero no olviden ni por un solo instante el carácter burgués de esa aparente democracia, su carácter convencional y limitado en el plano histórico, y no olviden que incluso en la república más democrática, y no sólo en las monarquías, el Estado muchas veces termina siendo una máquina para la opresión de una clase por otra". 
Los marxistas creen que la superación de esa dictadura se da a través de otra, la del proletariado, y agregan: “Solo la dictadura del proletariado puede liberar a la humanidad del yugo del capital, de la mentira, de la falsedad y de la hipocresía de la democracia burguesa".
Yo como peronista creo que la solución no pasa por sustituir una dictadura con otra. Además la historia demostró que en el mundo socialista, el poder no estuvo nunca en manos del proletariado y si en los de una oligarquía política y burocrática. Los peronistas creemos que la superación a esa dictadura es a través de la democracia popular.  



Hace poco un amigo me pasó un artículo muy interesante de un historiador mexicano que desconocía, Felipe Echenique, que define a la democracia burguesa “como instrumento político de dominación y sujeción para mantener las cuotas de reproducción social en niveles cada vez más bajos”
La democracia burguesa es una falsa democracia porque que no asegura representatividad popular a través del voto, ya que es una pantalla para disimular que el poder real está en manos de la oligarquía y en donde los poderes del Estado se suelen convertir en engranajes de una maquinaria que defiende los intereses de las clases dominantes. Esta dictadura encubierta le otorga plenas libertades a unos pocos, y para lograrlo debe oprimir a las mayorías populares.
A mi entender, la democracia burguesa empezó en el gobierno de Frondizi y se afianzó en el de Illia. Gobiernos que se sostuvieron amparándose en las medidas sociales del peronismo, al que mantuvieron proscrito, y que fueron verdaderos monigotes de la oligarquía que les impuso sus recetas económicas. Cuando está decidió que sus empleados civiles no tenían más utilidad se acabó la farsa de la “democracia escenográfica” y se volv a la tradicional dictadura cívico-militar



Luego de la asunción de Cámpora se produjo el segundo intento de instauración de una democracia popular

Cuando el General Perón se volvió a hacer cargo del poder intentó la implementación del Plan Trienal para la Reconstrucción y la Liberación Nacional. El programa expresaba una política de concertación entre los trabajadores organizados, el Estado y los empresarios, que buscaba mejorar la calidad de vida de los sectores populares y se proponía “que el dinamismo de la economía se vaya trasladando de los monopolios extranjeros hacia el conjunto del sector productivo nacional, el Estado y los empresarios nacionales”. El programa buscaba estimular el desarrollo del sector privado nacional para equilibrar el poder económico del capital extranjero y de la naciente “oligarquía nacional industrial y productiva”, que sería la antítesis de la oligarquía agroexportadora, para poder revertir el proceso de desnacionalización y dependencia a partir de la promoción del desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, las cuales actuarían como agentes de cambio y de promoción en numerosos sectores y en determinadas regiones del país. También se buscó compatibilizar la acumulación de capital con una distribución del ingreso más equitativa.
Yo interpreto que el General Perón con Ber Gelbard al frente del Ministerio de Economía buscó quitarle poder económico a la oligarquía. El problema argentino siempre radicó en ese punto. La oligarquía puede perder de forma temporal el poder político pero nunca pierde el poder económico, que en definitiva es el más importante porque lleva a conquistar el primero más allá de las voluntades del pueblo.



El pacto social no se logró a causa de las pujas dentro del mismo movimiento entre el idealismo de izquierda y la ortodoxia reaccionaria.. Además la muerte del General y la falta de un sucesor político que tuviera la representación necesaria para llevar adelante los cambios también fueron condicionantes para un nuevo fracaso a la hora instaurar una democracia popular.
La oligarquía volvió a tomar el poder mediante un golpe cívico-militar e implantó el neoliberalismo en el país de la manera más feroz, atroz e inimaginable. El modelo económico se impuso a través del terrorismo de Estado que asesinó a 30.000 argentinos y argentinas. 
Luego, sucedió el “cambio cíclico” que se produce cuando las dictaduras se vuelven impopulares y la oligarquía las reemplaza con la democracia burguesa pero manteniendo las medidas económicas de saqueo y exclusión impuestas por las dictaduras. El gobierno de Alfonsín, más allá de sus buenas intenciones e intentos, tampoco pudo escapar a eso.




El menemato fue la profundización del modelo económico de la última dictadura genocida disimulado mediante una democracia burguesa con fachada popular que llevó al país al colapso en 2001 luego del fracaso de la primera Alianza Neoliberal Conservadora liderada por uno de los peores títeres al servicio de la oligarquía, el radical Fernando de la Rúa. 




Los 12 años de Néstor y Cristina fueron la continuidad histórica del peronismo y el tercer intento por instaurar una democracia popular. Con defectos y virtudes el kirchnerismo volvió a ejercer el peronismo desde la gestión. Parecía que el tercer intento sería el definitivo y que por fin el peronismo sería de forma permanente "el hecho maldito del país burgués".




Pero en 2015 tuvimos una nueva frustración, la oligarquía que jamás dejo de ostentar el poder económico volvió a conquistar el poder político. Gracias a sus medios hegemónicos de comunicación y la cooptación de la justicia, además de los errores evitables cometidos por nuestro propio espacio, los esbirros del poder real lograron copar nuevamente el Estado y volvieron a instaurar una democracia burguesa que resguarda la impunidad de las clases dominantes oprimiendo "con una escenografía payasesca posmodernista y un relato publicano" a las clases populares. La defensa de los privilegios de clase acomodada se volvió una política de Estado a través de recetas económicas basadas en el ajuste, la redistribución a la inversa de la riqueza, el endeudamiento, la quita de derechos y conquistas y la implantación de un modelo que enriquece aún más a los ricos y empobrece aún más a los pobres. El desgobierno de la segunda parte de la Alianza Neoliberal Conservadora, que a diferencia de la primera versión que tuvo como "presidente" a un empleado del poder real, le otorgó el poder político a uno de los suyos, Mauricio Macri, dejó como resultado tierra arrasada y un marcado retroceso en la calidad institucional. 
La segunda versión de la Alianza volvió a fracasar dejando al país en ruinas, con un nivel de endeudamiento inédito y con un polvorín económico y social que no estalló gracias a las medidas de ayuda social que dejó el peronismo/kirchnerismo.  




El 10/12/2019 todos y todas renovamos las esperanzas y pensamos que comenzaba un nuevo intento de democracia popular. La destrucción macrista y en especial la reciente pandemia de coronavirus nos complicó de manera inimaginada el intento. 
Sigo creyendo que el gobierno de Alberto Fernández tiene la intención de intentar volver a una democracia popular, aunque algunas actitudes como la falta de firmeza que noto en el Gobierno Nacional me hacen dudar, pero aún no dejé de confiar. No puedo dejar de tener en cuenta la situación absolutamente compleja y extraordinaria que estamos viviendo como un condicionante transitorio. Al menos eso quiero creer.




Finalmente y a modo de conclusión voy a insistir con algo que entendí después de años de repasar nuestra historia y de largos debates con admirados y respetados profesores/as en la facultad y con queridos compañeros/as que me enriquecieron con su experiencia militante. Solo se puede conciliar con los que crean en una democracia popular y no con los exponentes de la democracia burguesa. Podemos no estar de acuerdo y hasta pensar diferente pero si tenemos como meta la implementación de esa verdadera democracia, hay posibilidades de una verdadero frente que sirva para enfrentar al adversario oligarca. Con ellos no se puede “concertar”, hay que menguar su poder para que las mayorías populares tengan la posibilidad de salir de la marginalidad, la explotación y puedan volver a sentirse parte del devenir nacional.
El peronismo no pretende que los ricos dejen de serlo, el que invierte de forma productiva tiene derecho a percibir su merecida ganancia y no solo aquellos que apuestan a la especulación. La democracia popular es el mejor sistema para resguardar al sector productivo que es la primera víctima de la democracia burguesa. ¿Cuántas pequeñas y medianas empresas cerraron durante el gobierno de Mauricio Macri? Empresas que son las que cubren la mayor parte de la demanda de empleo en Argentina. 
El peronismo, al contrario de lo que muchos/as piensan, es el gran defensor del sector privado y productivo. Nosotros concebimos al empleo formal como la única posibilidad de movilidad social ascendente y solo la iniciativa privada tiene la capacidad para crear empleo genuino. Concebimos al Estado como aquel que crea las condiciones para que esto sea posible y que ejerza de contención ante las desmesuras del mercado. 

Para finalizar, si queremos llegar a esa realidad necesitamos terminar definitivamente con democracia burguesa y animarnos a "transformar" en vez de conformarnos con reformar lo que la oligarquía “benévolamente” permita
Toda transformación tiene como consecuencia feroces resistencias, sobre todo la de aquellos que no están dispuestos a perder privilegios, pero si realmente queremos un país diferente tenemos que estar dispuestos a enfrentarlos y a dar la batalla ideológica y cultural que haga falta para lograr imponer un sistema que beneficie a todos y todas. 
Espero que aquellos/as a los que voté y que hoy me representan empiecen a encarar esta tarea lo antes posible. Yo no voté reformismo ni “conciliación” con los saqueadores. Tampoco voté a un espacio “social demócrata” que en definitiva es una democracia burguesa edulcorada con asistencialismo, voté transformación, esa que solo puede llevar adelante el peronismo con la ayuda de sectores combativos (que pueden no ser peronistas) pero que también tienen por meta la definitiva instauración de una democracia popular en Argentina.

  

jueves, 18 de junio de 2020

La campaña del Che en Congo



La campaña del Che en Congo






Tras la independencia de Congo de Bélgica en 1960 fue elegido un primer ministro de izquierda, Patrice Lumumba, tras lo cual se produjo un alzamiento en el ejército, la secesión de la provincia rica en mineral de Katanga bajo Moise Tshombe, la vuelta de los soldados belgas y la llegada de las fuerzas de paz de la ONU a petición de Lumumba para proteger la integridad territorial del país y su nuevo régimen. Cuando Lumumba también solicitó a los soviéticos ayuda militar fue derrocado por Kasavubu, cuya decisión apoyó el comandante en jefe Joseph Mobutu. El subsiguiente asesinato de Lumumba, Congo entró en una situación caótica.
A principios de 1964 el país quedó en manos de un primer ministro débil e impopular que había cerrado el parlamento congoleño y habían estallado cuatro rebeliones diferentes, la mayoría de las cuales operaba bajo el paraguas de un grupo de oposición de izquierda llamado “Consejo de Liberación Nacional”, que había sustituido de hecho al parlamento. Uno de los movimientos rebeldes, que operaba en el noreste del país, estaba dirigido por un político local, Gaston Soumaliot, cuyo lugarteniente, Laurent Kabila, dirigía un movimiento afín más al sur. Durante unas pocas semanas a mediados de 1964 estas fuerzas rebeldes controlaron gran parte de la región oriental de Congo. Mientras tanto, un excompañero de Lumumba, Christophe Gbenye, al que apoyaban China y la Unión Soviética, controlaba la mayor parte del resto del país.
En marzo de 1964 el presidente Lyndon Johnson envió a Averell Harriman a Leopoldville (Kinshasa) para valorar la situación. Junto con Cyrus Vance, vicesecretario de defensa estadounidense, Harriman planeó establecer un puente aéreo a Congo y en mayo empezaron a llegar aviones y helicópteros. En julio Moise Tshombe se hizo con el poder en sustitución del incompetente Adoula y pidió ayuda a Estados Unidos, Bélgica y Sudáfrica para apoyar su régimen. Se escuchó su petición y el ejército de Congo se vio reforzado con oficiales belgas y mercenarios blancos de Rhodesia (actual Zimbabue) y Sudáfrica. Su principal tarea inmediata fue aplastar la rebelión de Gbenye, que había establecido su cuartel general y su gobierno en Kisangani. En noviembre varios paracaidistas belgas volaron desde la base británica del Atlántico sur en la isla Ascensión con permiso del recién elegido gobierno laborista de Harold Wilson y saltaron sobre Stanleyville al mismo tiempo que llegaban los mercenarios.
En respuesta a estos movimientos un grupo de Estados africanos encabezados por Argelia y Egipto anunció que iban a suministrar armas y soldados a los rebeldes congoleños, y pidió ayuda a otros Estados. El gobierno cubano anunció que estaba dispuesto a responder a la petición . En diciembre el Che, que ya era uno de los dirigentes cubanos más internacionalistas, hizo un discurso vehemente en su condición de delegado cubano ante la Asamblea General de la ONU en el que habló del “trágico caso de Congo” y denunció “la inaceptable intervención” de las potencias occidentales.
Tras salir de Nueva York el Che emprendió una gira por diferentes Estados africanos para observar por si mismo la situación
En febrero de 1965 voló a Beijing para ver qué ayuda podía proporcionar la República Popular China a las rebeliones en Congo. También viajó al Cairo, donde habló con Nasser acerca de su plan de liderar él mismo un grupo de guerrilleros. Nasser se mostró muy escéptico respecto de las posibilidades de éxito de la guerrilla. Decidió volver a Cuba para preparar su misión.
Partió en secreto de La Habana con un pequeño grupo de soldados cubanos. Primero fue a El Cairo y después a Dar es Salaam, en Tanzania. Mientras una columna formada por 120 cubanos iba a ir poco a poco por barco a Tanzania y a través del lago Tanganica hasta el norte de Katanga, una segunda columna formada por 200 hombres iba a volar a una base situada al otro extremo del país, cerca de Brazzaville, al otro lado del río Congo. La columna oriental iba a ser dirigida oficialmente por el capitán Victor Dreke, un cubano de ascendencia africana, el Che formaba parte de esa columna. La columna occidental iba a ser dirigida por Jorge Risquet Valdés Santana, miembro del Comité Central del Partido Comunista Cubano.
El embajador cubano recibió al grupo del Che en el aeropuerto a las afueras de Dar es Salaam. Hacía solo unos meses que se había establecido la embajada. Temían que la CIA tuviera noticias de su llegada, aunque los estadounidenses acababan de retirar a su embajador de Dar es Salaam y estaban ocupados en otros lugares. Pero los congoleños que había en Dar es Salaam también le prestaron poca atención. Los líderes rebeldes, incluidos Kabila y Soumaliot, se encontraban en El Cairo, supuestamente tratando de reducir las divisiones políticas dentro de su movimiento revolucionario y solo estaba disponible un personal relativamente joven. Parece ser que la planificación de la intervención cubana en la lucha armada africana fue complicada desde el principio y la coordinación con los líderes africanos muy limitada.
El 22/04/1965 el Che y su pequeño grupo de cubanos viajaron a la ciudad ribereña de Kigoma, donde establecieron una base de suministro.
Los cubanos cruzaron el lago y fueron recibidos en el poblado de Kibamba por un grupo bien armado del Ejército de Liberación Popular. Se comunicaron en francés con los cubanos, que establecieron su campamento a las afueras del poblado. Aquello fue el inicio de lo que iba a ser una campaña de siete meses En los meses siguientes, entre abril y octubre de 1965, fueron llegando poco a poco más cubanos desde el otro lado del lago Tanganica para unirse a sus compatriotas. Los cubanos y congoleños elaboraron juntos un plan para explorar el terreno que ocupaban y los cubanos empezaron a valorar los puntos fuertes y débiles de sus aliados y de sus enemigos.
En sus exploraciones constataron que las bases de vanguardia de sus enemigos estaban bien defendidas, con el apoyo de aviones pequeños y de mercenarios blancos; por lo que se refiere a los cubanos, consideraban que la moral y competencia de los rebeldes congoleños eran bajas, y que sus líderes, incluido Kabila, eran considerados extraños o incluso “turistas”.
Poco tiempo después llegaron órdenes de Kabila de que los cubanos tenían que organizar un ataque a una guarnición en Bendera, en la carretera interior que protegía una central hidroeléctrica. Al Che no le gustaba el plan, pese a lo cual se decidió seguir adelante. El 20/06/1965 salió una fuerza combinada de cubanos, congoleños y tutsis (originarios de Ruanda) con la idea de atacar la central y las barracas. La operación fue un desastre: muchos de los tutsis huyeron, los congoleños se negaron a participar y fallecieron 4 cubanos, lo que reveló al enemigo que Cuba estaba involucrada en la rebelión.
Los cubanos estaban muy deprimidos y desilusionados. Todos los cubanos habían enfermado en un momento u otro desde que habían llegado. El propio Che había tenido ataques de asma y malaria. A pesar de que hubo pequeños éxitos militares, como la emboscada a un grupo de mercenarios en agosto, los progresos parecían insignificantes y el clima político se estaba deteriorando a todas luces. Las diferencias entre las distintas facciones rebeldes y sus líderes perecían haber llegado a su peor punto y un golpe de estado en Argelia había derrocado a Ben Bella (uno de los principales apoyos de los cubanos) El Che se guardó sus preocupaciones y a principios de septiembre de 1965 fue a La Habana para convencer a Fidel de que la revolución iba bien, con lo que no se detuvo el flujo regular mensual de guerrilleros recién adiestrados que llegaban a Tanzania desde Cuba.
Los mercenarios blancos y las tropas congoleñas de Tshombe emprendieron entonces un contraataque, que amenazó a toda la posición cubana. Sin embargo, el buen adiestramiento cubano complicó enormemente al enemigo.
La guerra en Congo seguía impredecible como en su comienzo. Tshombe fue destituido y sustituido por Evariste Kimba fue el preludio de una reconciliación política que minaría la rebelión y acabaría con el apoyo recibido de los Estados africanos.
El 23/10/1965 se anunció que la rebelión en Congo estaba prácticamente terminada y que, por consiguiente, era posible prescindir de los servicios de los mercenarios blancos y enviarlos a casa.
Fue una señal de derrota para los Estados africanos radicales, permitió que surgiera una alianza más conservadora y marcó un punto de inflexión en los últimos años de la historia colonial de África.
Mientras tanto, en Congo se persuadió al nuevo primer ministro, Kimba, de que hiciera una declaración afirmando que no había intención de enviar a los mercenarios a casa hasta que Congo estuviera totalmente pacificado. El Che también luchaba contra el cambio de la tendencia política en África. El 1/11/1965 recibió un mensaje urgente de Dar es Salaam que le anunciaba que el gobierno tanzano había decidido cancelar la fuerza expedicionaria cubana. Demasiado consciente de las luchas internas dentro de la dirigencia congoleña y preocupado por las implicaciones que esto pudiera tener, el presidente tanzano consideró que no tenía demasiadas opciones.
El Che decidió permanecer en la retaguardia, pasara lo que pasara, con 20 hombres bien escogidos. La idea era luchar hasta que se desarrollara el movimiento o hasta agotar las posibilidades de este y en ese caso habría decidido buscar otro frente o pedir asilo en alguna parte. Pero al darse cuenta que no tenía posibilidades de éxito, el 20 de noviembre decidió retirarse y organizó el paso del lago Tanganica de vuelta a Tanzania.
Al cabo de unos días en Dar es Salaam la mayoría de los cubanos volvió vía Moscú a Cuba donde informaron de su misión.
Después de la abortada misión, el Che permaneció en la embajada cubana de Dar es Salaam para escribir su relato de la “Campaña Congoleña”. A principios de 1966 viajó a Praga y volvió finalmente a Cuba, donde ayudó a preparar su última expedición revolucionaria que en noviembre de 1966 se iba a establecer al este de Bolivia.